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cómo escribir las verdades

Cómo escribir las verdades

¿Cómo escribir las verdades? Antes hay que conocerlas. Para eso, hay que vivirlas y, encima, saber reconocerlas. El método es tan sencillo como poco practicado: en primer lugar, vivir muchos años; en segundo lugar, y aquí es donde se empieza a complicar, no cejar en el empeño de vivir cada año como si fuera el primero y el último, con la misma ansia de verdad; en tercer lugar, y esto toma tintes de imposibilidad, estar en el mundo con humildad, con la posibilidad, no, con la certeza de que uno está equivocado; por último, vivir con los ojos abiertos para ver las verdades, con los oídos dispuestos a escucharlas. Con la experiencia y esta actitud tan fácil de adoptar como infrecuente se sabrán reconocer.

Las verdades que se ven son los cuerpos que caen. Si caen desde un punto alto, se estropean por lo general. Esa es una de las verdades que si se niegan es que uno no tiene cabeza. Otra, no opuesta a la anterior sino claramente perteneciente al mismo horizonte de realidad, son las masas pegadas al suelo, las montañas y los árboles muy, muy difíciles de mover. Es el edificio que ha construido alguien que tenía una serie de verdades a su disposición. Otra es el sol, que sale hoy y casi seguro saldrá mañana. Ese “casi seguro” es, a menudo, una verdad.

Las verdades que se oyen son las que dicen los que saben, y los que saben son los que han llegado al punto justo de seguridad y frugalidad, de amabilidad y de inflexibilidad. Son los que han sabido ver y escuchar, dejarse llevar por la (por lo visto hasta ahora en la historia y cada día, insuficiente) fuerza de las verdades. No se enfadan con la ignorancia y la prepotencia, sino que las pastorean para llevarlas más cerca de la verdad o, si el estúpido se pone pesado y el sabio socrático ya es algo cínico, el tonto es acompañado fuera de la habitación. Las verdades que se oyen también son los pájaros y el viento. Los pájaros son quizá mi verdad favorita.

La verdad que más es, si es que hay grados de verdad, es la muerte. El nacimiento también, pero después de haber sucedido, así que es una categoría algo diferente.

Ya tienes las verdades, que no tienen por qué ser estas pero algo hay. Ahora: ¿cómo escribir las verdades? Antes he escrito una, la de los pájaros; es una pista. Las verdades se escriben con palabras, que en sí mismas también son bastante ciertas o no servirían para nada. ¿No? Son tan auténticas, las palabras, que a veces preceden a las verdades, llevan hasta ellas.

También se puede decir y se dice que las verdades se pueden escribir con dibujos, con fotografías, con gestos, de amor y comprensión me gustaría, aunque muchos son de odio y egoísmo. Se pueden escribir, dicen, con un beso plantado con todas las ganas del mundo, con un grito al eco, con un suicida que salta y no muere, con un caballo que corre más rápido que tú, con los números exactos de tu sueldo y el número exacto de cervezas de una marca concreta que podrías comprar con ese dinero esta tarde, serían verdades y ellas mismas serían su expresión. Una verdad es que un planeta orbita, las fórmulas que lo demuestran, los vídeos que un día podremos (podrán) grabar para probarlo. Lo que hay al otro lado del mirador, allá abajo, incluso entre la niebla. Las verdades son el niño que sale de la vagina y el trozo de pollo que atraviesa tu garganta esta noche, en la cena, sus expresiones correspondientes y también verdades en si mismas son el llanto de la madre (y del niño) y tu sensación de que está jugoso pero le falta sal. ¿Qué son verdades y qué son expresiones de estas verdades, y qué es decir las verdades o escribir verdades? La verdad es que me he liado un poco, pero es que el tema es complejo. Se pueden decir verdades con abrazos, con un golpe, con un cuchillo que corta algo, moviendo los ojos de aquí para allá, magreando un pecho o un culo cuando no toca o cuando toca, suspendiendo un examen con justicia por una serie de razones que son verdades (te gusten o no), siendo un pez que nada en círculos y a la mañana siguiente ya no nada y está boca arriba. Todo eso es verdad y lleva incrustado la expresión de que lo es.

Pero eso no sería verdad, quiero decir que no sería escribir las verdades. Porque estamos hablando de escribir y las palabras palabras son.

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