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El círculo vicioso del café

el círculo vicioso es que

te levantarás ese día, que es este, como otro día, como ayer, como mañana, como pasado mañana, como el siguiente ya no porque será fin de semana, o casi

y te habrás levantado y huido de la mañana en dirección al café, que todavía no existirá y estará esperando a que obres el milagro de convertir el grano en agua sucia, y te quemarás un poco en los primeros sorbos como siempre te pasará, no aprenderás, los lunes nunca se aprende, los martes tampoco, menos aún los sábados y los domingos, los días sagrados de la reverberancia de nuestros errores, los demás días no son nuestros errores sino los obligados, por mucho que todo sea un error hay una diferencia

y habrás bajado las escaleras o el ascensor y pisado la calle sin pensar en lo que son las aceras, nunca las pensarás como algo que no habría debido estar ahí, será algo que hemos hecho para que sea pisado por nosotros para transportarnos con la comodidad de una suela sobre una superficie más o menos regular, nada de esparto, nada de piedras ni capa orgánica residual bajo tus pies

nunca pensarás en las aceras

y el café funcionará aunque habrá sido innecesario porque el cuerpo se dará su propia energía durante 2 horas después de depertarse, el cuerpo también tendrá sus bucles pero serán menos absurdos que los nuestros, o que los que nosotros habremos elegido hacernos con nuestro cuerpo, que también será nosotros

podrá o no ser buena idea tomar el café

el cuerpo sabrá

el cuerpo sabe, el cuerpo comprende

y sin duda la duda sobre la pertinencia de tomar café será grande cuando llegue el miércoles y estés muy cansado, habrás dormido poco por el madrugar y las noches perdidas dentro del móvil, fuera de todo lo demás, ni siquiera habrás tenido tiempo para el insomnio, solo para la escasez de horas de sueño, que jamás será lo mismo, y a la hora de comer después de comer, o incluso en el espacio muerto de la merienda, surgirá la posibilidad de tomar tu segundo café del día y dudarás sobre la pertinencia de hacerlo

y sin embargo lo harás

como lo habrás hecho la semana anterior, y los meses anteriores excepto el de vacaciones, no, ese también

y serás consciente de tu entrada triunfal en el círculo vicioso

otra vez

y lo harás, meterás el café caliente dentro de ti, te convertirás en un recipiente para la cafeína, un orinal relleno de un fragante líquido marrón, despojo de nervios y repetición del no dormir por el maldito whatsapp y el facebook y el tinder y el twitter y nada más porque todo lo demás estará fuera

y el jueves por la mañana, y el viernes en el mismo momento exacto, tomarás la primera taza de café del día y por la tarde otra más, esa que no habrás bebido ni beberás los lunes ni los martes porque ¿para qué?

y se acumulará el agotamiento y el café se multiplicará

y el viernes quedarás y saldrás y trasnocharás, y el sábado te despertará la calle o la casa o las otras casas o hasta el móvil que, borracho, o dormido, habrás olvidado silenciar, y volverás al exterior y volverás tarde, y el domingo ya no sabrás nada y tomarás el último café de la semana, si hubieras sido un héroe habrías tomado un té o una cocacola, no eres un héroe y nunca lo serás, a una hora distinta cada semana pero siempre lo beberás y te sentará mal

y dirás que nunca más

y, horas después, te levantarás ese día, que es lunes y en el que pasará lo que siempre habrá pasado y tendrá que seguir pasando

pero quizá el círculo vicioso se rompa cuando necesites un segundo café también el lunes

y entonces entrarás en la espiral

habrás entrado en la espiral

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