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Quien te lee

Quien te lee

Esa persona que se ha levantado hoy antes que tú y ha desayunado hecho caca puesto demasiada colonia. O no suficiente. La que se acaba de duchar porque no se duchó anoche, cuando llegó a casa cubierta de invisible sustancia urbana y habiendo abandonado la lectura de un libro en el metro, tras una página, diciéndose que estaba cansada; o que es que tenía que mirar una pantalla. Necesitaba mirar su pantalla, la que no era el libro.

La persona que a lo largo del día ha dado vueltas a lo mismo en su cabeza, la que lo consultó con alguno de sus mejores amigos oficiales, con su madre, con su pareja; tal vez contigo (quizá solo es porque te conoce). Aunque no esperaba que nadie le aportara ninguna solución y se conformó con que la escucharan. Es tan insuficiente el simplemente ser.

Hoy ha bebido litro y medio de agua y comido al menos 750 gramos de productos edibles. No le han sentado ni mal, ni bien. Algo de lo que ha ingerido le ha traído recuerdos (de tiempos en los que…) y ha merecido la pena. No ha probado nada nuevo, ¡cómo se le ocurriría! Estaba todo tan bueno. Ha sido tan saciante.

Esa persona satisfecha en varios aspectos de su vida ha escuchado siete canciones a medias y dieciocho enteras mientras hacía otras cosas. Ha empleado 26 minutos de este día para cantar una de ellas o tararearla, sin querer realmente hacerlo; pero ha pasado, y volverá a pasar. Ha recomendado una producción cultural, desconoce si con éxito y puede que por eso al terminar de conversar, después de despedirse, se ve invadida de una pequeña frustración.

Esa persona es la misma a la que le hubiera gustado comentar con quien fuera la serie que está viendo este mes, a razón de tres capítulos diarios, para los que invariablemente tiene fuerzas por la noche. Es una persona sensible. ¿No lo son todas?

Está sola, o está acompañada. Ha pensado en hablar con sus padres.

Se ha arrepentido de no haber leído más esta semana. Lo ha dicho en voz alta. Lo ha escrito y le han dado ánimos. ¿Quién?: trece personas. Las hay entre ellas que tienen hijos, o no, y en ambos casos la mayoría la comprenden desde la distancia.

Esta persona que genera empatía en su entorno (como su entorno se la genera a ella) se ha replanteado lo de cada día y no ha tomado ninguna decisión. La ausencia de conclusiones resulta agobiante, a veces. En algunas ocasiones está a punto de reventar, si bien no se da cuenta y sigue adelante. Siente que es poseedora de la verdad en lo suyo y que está capacitada para lo que hace. No debe dar importancia a lo que no lo tiene, es su lema; en realidad es su ideal inalcanzado.

Ha dicho fuck you con un acento inglés mediocre en una situación que no pedía tal salida de tono. Ha reído por una locución bien traída y de esa persona se han reído, sin ella saberlo (aunque lo sospecha) (y mañana será ridícula de nuevo). Con una sonrisa que no ha percibido, ha visto algo que le ha llamado la atención y lo ha transformado en cuatro fotos, dos de las cuales han salido borrosas y las dos restantes esperan el proceso de selección que plaga su carrete virtual y nunca llega.

Ha escrito cientos de palabras con un minúsculo teclado que solo existe cuando es invocado con un movimiento de dedos. Le encanta escribir, pero nunca ha escrito.

No es infeliz.

¿Qué ha hecho hoy de especial esa persona? Nada: ha ofrecido; sobre todo ha recibido. Nadie echará de menos lo que no ha tomado de esa persona.

Ha querido no estar donde estaba pero, en ciertos momentos, ha agradecido e incluso disfrutado de su lugar y de su puesto.

Oyó el grito de una oca. Sobresaltada y fascinada, esa persona, sin embargo, lo olvidó enseguida y jamás volverá a pensar en el estrépito creado por ese pico irrepetible.

Esa persona es quien debería leerte. Esa persona es quien te lee.

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