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Tormentas en Guangzhou

Tormentas en Guangzhou

Se hace de noche en pocos minutos. Se levanta un viento fuerte. La luz se tuerce todavía más. Todos arrancamos a correr. Así empiezan las tormentas en Guangzhou.

El día está feo, pero habitable. Se puede (es decir, es una posibilidad a valorar) andar, contestar al Wechat sobre la acera, incluso recibir algunas gotas de lluvia sobre el cuerpo con gusto. El ambiente es pesado, el calor te rodea y te embosca. Deja de ser buena idea estar en la calle, si no es por necesidad. Parece haber más agua posándose en vapor sobre el cuerpo que la que se está acumulando arriba.

El cielo se vuelve del todo negro y el poco sol que pudiera haber desaparece. Ya no quedan nubes, si las hubiera habido; solo una masa opaca y oscura que, en realidad, sí son nubes. En casa hay que encender las luces. En las oficinas, cerrar las ventanas y apretar el aire acondicionado.

Aún no se derrama, pero es posible que ya suenen algunos truenos. No se parecen a los de ninguna parte de España, están más cerca de lo que uno imagina que oirá cuando el cielo rebose en el Juicio Final, o se abran los portales del Gehena para diseminar su fuego, o cierta raza extraterrestre invada nuestro planeta, a tal velocidad entrando sus naves en la atmósfera que retumbe la Tierra entera. Los truenos hacen temblar el aire de una manera perceptible en los brazos y en las piernas, el vello se endurece. Una vez paseé bajo un trueno que duró más de diez minutos, pensando que era la nave nodriza de esos alienígenas; nadie me supo explicar el origen del fenómeno, pero solo me queda valorar que se encadenaron muchísimos truenos largos y del mismo tono. Hay gente que teme los truenos, aunque son inofensivos. Físicamente, y en sí mismos.

Aún no hay lluvia, pero puede haber rayos iluminando el telón de oscuridad sobre cabezas y rascacielos. El horizonte truncado por las masas de hormigón y cromo se vuelve más real que cualquier otro horizonte, como el mar o el desierto. Los edificios trazan una silueta en el espacio que es cierta y segura, parecida a la que marca un arco iris, aunque esta es auténtica. Si avanzas hasta el perfil de un edificio, el que corta el negro cielo, podrás tocar los muros y mirar hacia arriba y ver la oscuridad partida por las mismas paredes que veías desde cien metros atrás, pero desde una perspectiva diferente, y última. Los rayos: hacen brillar el mundo con una luz que me hace creer en la verdad. Los post-estructuralistas tendrían que habitar cabañas o lofts en regiones de tormentas eléctricas. Callarían un tiempo y después dirían cosas diferentes. Alguno podría morir, como muere a veces la gente alcanzada por rayos. Pero esos muertos trazados por la electricidad son muy pocos y no merece la pena temer la posibilidad, no se debe temer a los rayos. Cuando caen ya estás bien refugiado, de todas formas.

Todo lo anterior se ha comprimido en unos cinco, diez o veinte minutos, no más. La amenaza real de tormenta no engaña. Habrá tromba; o tifón, si sabes apreciar la diferencia. Y viene ya. Ya. Ya mismo.

Ya mismo, por eso hay que correr. Al principio solo una o dos jóvenes, un oficinista, tres niños con un adulto o anciano corren. Cuando los truenos aumentan en estruendo y frecuencia, todos corremos. El viento es potente en estos momentos y puedes utilizarlo a tu favor, si corres en su dirección. Si miras hacia una carretera de varios carriles, verás a varias personas cruzando a toda velocidad, tapándose el cerebro preventivamente y girando la cabeza en todas direcciones, como si hubiera francotiradores. Los soportales y los centros comerciales están llenos.

Se abre el cielo, cae el mar y ya nadie necesita correr.

El mundo se derrama sobre la ciudad en forma de agua. Es hermoso, por su intensidad. Por los volúmenes, auditivos y de densidad y espacio ocupado. El campo de visión se reduce a pocos metros. Ríos verticales bajan hasta nosotros y se convierten durante minutos, horas o semanas en ríos horizontales, estáticos o no, al chocar con el suelo. Estallan contra muchas superficies diferentes; pasa en las ciudades, hay tantos lugares y materiales y geometrías.

Es la temporada de lluvias, ahora es. El dominio de las tormentas en Guangzhou.

El crujir de la tromba permanece en el oído unos minutos. Aunque ha terminado; o parado. Tregua o cese de las hostilidades. El aire es fresco y se puede respirar por primera vez en días, desde que empezó la escalada de calor. Nos asomamos al exterior con normalidad y algo de alegría. Luz dura sobre piernas y los rostros. Barro depositado en el asfalto. Restos de agua que son a su vez agua. Brillos, y vida.

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1 Comment

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Cerebro cocido por el calor | Borja Vargasreply
3 junio, 2016 at 20:26

[…] Empieza a llover. […]

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