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Vivo fuera

Así veía dentro y fuera, incluso con gafas.

Ya no vivo dentro. Dentro no queda nada. Quedan algunos, no nadie, pero nada.

¿Cómo es vivir fuera? Es vivir la literatura del exilio. Ser a la vez personaje y autor de posguerra o preguerra.

¿Hay algo fuera? Hay mucho, mucho. ¿Queda algo fuera? Algo. Yo, al menos.

La experiencia lingüística, pragmática, pragmático-lingüística, literaria de vivir fuera es poder decir o gritar que vivo en la China Popular sin que sea una acertada metáfora de mi estatus social o una frase hecha graciosa. Es que es verdad, aunque sigue siendo fuera.

Esto no es una postal. No la he comprado de paso en un kiosko y la he mandado tras complicadas gestiones y equívocos en una oficina postal extranjera. Que no es una postal. Que ya es una carta. Su origen no es una pausa en el movimiento continuo de un viaje. Es una carta escrita desde mi casa. Desde una pausa real que he tenido que entresacar de mi rutina. Vivo fuera. Gracias.

Así se ve fuera y dentro. Ya no llevo las gafas, ya nunca me acuerdo de cuando me las quitaba para salir a la calle y dejarme ver. Ahora siempre soy visible.

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